miércoles, 6 de octubre de 2010

CARTA SOBRE LA LECTIO DIVINA

Querido amigo:
Al menos cada domingo, o incluso cada día, en el curso de la liturgia que celebras con tus hermanos en la iglesia local o en tu comunidad, escuchas la lectura de la Palabra de Dios y recibes también el don de la homilía, esa explicación actualizada de los textos leídos. Así se te pone ante la Palabra viva y eficaz de Dios, que resuena en ti, ante la presencia del mismo Señor, ante el Cristo que sembró su Palabra en ti. La mesa está servida. El alimento de la palabra y el alimento eucarístico se te dan para que en tu camino, en tu éxodo de este mundo hacia el Padre, puedas alimentarte y no perecer, gustando este viático que te viene ofrecido, a ti, miembro enfermo y fatigado del pueblo de Dios, por Aquel que te alimenta, te consuela, te fortalece.
Al menos cada domingo, o incluso cada día, en el curso de la liturgia que celebras con tus hermanos en la iglesia local o en tu comunidad, escuchas la lectura de la Palabra de Dios y recibes también el don de la homilía, esa explicación actualizada de los textos leídos. Así se te pone ante la Palabra viva y eficaz de Dios, que resuena en ti, ante la presencia del mismo Señor, ante el Cristo que sembró su Palabra en ti. La mesa está servida. El alimento de la palabra y el alimento eucarístico se te dan para que en tu camino, en tu éxodo de este mundo hacia el Padre, puedas alimentarte y no perecer, gustando este viático que te viene ofrecido, a ti, miembro enfermo y fatigado del pueblo de Dios, por Aquel que te alimenta, te consuela, te fortalece.
Pero esta experiencia central de la vida cristiana sin duda que la querrás repetir en la vida diaria, en la soledad de tu habitación o en el coloquio comunitario con los hermanos que se te han dado como guardianes y como compañeros. Cierto, no podrás comprender y asimilar la Escritura apoyándote en ti mismo y en tus pobres fuerzas: para llegar a una lectura fructuosa en la que la Palabra de Dios opere en ti lo que no podrías por ti mismo se requieren ciertas condiciones, ciertos preliminares que te permitan una lectura creyente cristiana, una recepción de los dones del Espíritu Santo y una visión contemplativa de Dios Padre. Así, pues, lectura en el Espíritu, Biblia orada: eso es la Lectio divina.
La Lectio Divina, experiencia de Israel y de la Iglesia
Ya en la antigua economía de Israel se oraba con la Palabra y se escuchaba la palabra en la oración. Se puede ver la descripción de esta práctica de la comunidad leyendo el capítulo 8 del Libro de Nehemías. Tal método, que prevé la lectura, la explicación y la oración, se convirtió en la forma clásica de la oración judía, cuyo heredero ha sido el cristianismo (cf 2 Tim 3,14-16). El Nuevo Testamento no describe este método, pero sí da testimonio de él en diversos lugares.
Generaciones de cristianos continuaron orando así, sin ceder a una piedad no bíblica que no reconociera el señorío absoluto de la Palabra en la vida de oración de la Iglesia. Todos los Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente practicaron este método de la lectio divina, invitaron a los fieles a que hicieran otro tanto en sus casas y les entregaron esos espléndidos comentarios de la Escritura que eran fruto suyo esencial. ¿Qué decir, luego, de los monjes? Éstos la convirtieron en el centro de su vida en sus desiertos y sus monasterios, llamándola «la ascesis del monje», su alimento diario. Estaban seguros de que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de la boca de Dios» (cf Deut 6,3 y Mt 4,4). En cierto momento, sintieron incluso la necesidad de fijar por escrito el método, al objeto de ayudar a los principiantes a esta adquisición de la Palabra en el Espíritu que no sólo santifica, sino también diviniza.
Orígenes, Jerónimo, Casiano, Bernardo y tantos más... fijaron los términos de la lectio divina, estimulando a los creyentes a recorrerla como la «vía áurea» del diálogo y del inefable coloquio con Dios.
Hasta el siglo XIII, este método alimentó la fe de generaciones enteras, y Francisco de Asís lo practicó todavía con constancia. Pero luego, en la baja Edad Media, se asistió a una deformación de la lectio divina con la introducción de las «cuestiones» y de las «disputas». Son los siglos de eclipse de esta oración los que abrieron el camino a la «devotio moderna» y a la «meditación ignaciana», oraciones más introspectivas y psicológicas. Sólo en los monasterios y entre los Servitas de María se conservará en su integridad, para reaparecer propuesta por el Concilio Vaticano II en la Constitución Dei Verbum, nº 25:
«Es necesario que todos conserven un contacto continuo con la Sagrada Escritura a través de la "lectio divina"..., a través de una meditación atenta y que recuerden que la lectura debe ir acompañada de la oración. Es ciertamente el Espíritu Santo el que ha querido que esta forma de escucha y de oración sobre la Biblia no se pierda a través de los siglos.»
Un lugar para la lectio divina
Así, pues, cuando quieres sumergirte en la lectura orante, busca primero un lugar solitario y silencioso, donde puedas orar a tu Padre en lo escondido, para poder contemplarlo. La propia habitación es un lugar privilegiado para gustar la presencia de Dios, no lo olvides (cf Mt 6,5-6). Ése es el lugar de la lucha de tu corazón, el desierto en que Jesús oró y fue tentado (cf Mc 1,12; Mt 4,1-11; Mc 1,35; etc.), el lugar al que Dios te atrae a sí para hablar a tu corazón y colmarte abundantemente, transformando los abismos angustiados de tu corazón en valles y puertas de esperanza (cf Os 2,16-17). Así, en un lugar solitario, tu juventud espiritual se renovará, podrás cantar al Señor, tu esposo, sentir que le perteneces sólo a él, en paz con todos los hombres y todas las criaturas, animadas o inanimadas (cf Os 2,18-25). Que tu habitación, o todo lugar solitario, sea, pues, para ti el santuario en que Dios te humilla para ponerte a prueba a través de su Palabra, pero así también te educa, te consuela y te alimenta. Sentirás sin duda la presencia del Adversario, que te invita a huir, que te volverá pesada la soledad, que se servirá de tus costumbres y de tus preocupaciones para distraerte, que tratará de seducirte con miriadas de pensamientos mundanos. No te dejes abatir, no desesperes y resiste en esta lucha cuerpo a cuerpo con el demonio, porque el Señor no está lejos de ti. No es que simplemente te vea combatir: él mismo combate en ti este combate. Ayúdate, si quieres, con un icono, con una vela encendida, con una cruz, con una esterilla sobre la que te arrodillas para orar. No tengas reparo -sin ceder a la moda o a la estética- en utilizar estos instrumentos, que te ayudarán a recordar que no estás sólo para estudiar la Biblia, o leer algunas palabras, sino que te encuentras ante Dios, pronto a escucharlo, en coloquio con él.
Si te viene la tentación de huir, resiste, incluso si tienes que quedarte sin voz, en silencio, pero resiste. Tienes que acostumbrarte a tiempos de soledad, de silencio, de desprendimiento de las cosas y de tus hermanos, si quieres encontrar a Dios en la oración personal.
Un tiempo de silencio para que Dios hable
Trata de que el lugar de la lectio divina y la hora del día te permitan también el silencio exterior, preliminar necesario del silencio interior. «El Maestro está  ahí y te llama» (cf Jn 11,38), y para oir su voz tienes que silenciar las otras voces, para oir la Palabra tienes que bajar el tono de tus palabras. Hay tiempos más apropiados que otros para el silencio: el corazón de la noche, por la mañana temprano, al atardecer... Tú verás, según tu horario de trabajo, pero permanece fiel a ese tiempo y determínalo en tu jornada de una vez por todas. No es serio acudir al Señor en la oración sólo cuando tienes un agujero en tus compromisos, como si el Señor fuera un tapaagujeros. Y no digas nunca: «No tengo tiempo», porque es como si te declararas idólatra: el tiempo de tu jornada está a tu servicio, no eres tú el que tiene que ser esclavo del tiempo.
Envuélvete, pues, de silencio, y el tiempo de la lectio divina pondrá ritmo a tu vida. Sabes que hay que orar siempre, sin cansarte nunca (cf Lc 18, 1-8; 1 Tes 5,17), pero sabes también que se necesitan tiempos precisos, dados explícita y visiblemente a la oración, para sostener esta «memoria de Dios» en toda la jornada. Sé un «enamorado» del Señor, o tiende a volverte tal. Entonces no desdeñarás consagrarle un poco de ese tiempo que consagras habitualmente, cada día y sin fatiga, a tus hermanos de comunidad o a tus amigos.
Y no olvides que este tiempo para la lectio debe ser suficientemente largo, no sólo un breve momento. Tienes que recuperar la calma, estar en paz, y no bastarán unos minutos. Los Padres dicen que para la lectio divina se precisa al menos una hora.
¿Cuántas palabras oyes durante el día, cuántas lecturas haces? ¡Qué de palabras sofocan a la Palabra! En esto también has de ser vigilante; si las palabras mundanas son tan abundantes, ¿qué «primacía» puede tener concretamente la Palabra de Dios sobre ellas? Hacer la lectio divina puntualmente, cada día, no te dispensa de examinar la relación entre la Palabra y las palabras. Éstas, por su cantidad y su calidad, pueden sofocar la voz divina y no permitir que aquella crezca y dé en ti su fruto (cf Mc 4,13-20). ¿Qué sentido tiene leer de todo, alimentarse con argumentos mundanos, hacer lecturas que dejan profundas huellas de impureza en el corazón, y pretender luego vivir de la Palabra «que sale de la boca de Dios»? Si en tu vida no pones vigilancia sobre la relación Palabra/palabras, estás condenado a seguir siendo un dilettante, un «oyente paralizado» frente a lo que debería ser un verdadero camino de iniciación.
Un corazón amplio y bueno
Si Dios te ha llamado a la soledad, al silencio, a un momento de diálogo con él, es para «hablar a tu corazón». El corazón bíblico es el centro, la sede de las facultades intelectuales del hombre, es el centro más íntimo de tu personalidad. Y, por tanto, el corazón es el órgano principal de la lectio divina porque es el centro en el que cada hombre vive y expresa su personalidad propia. Pero sabes que este corazón puede ser incircunciso (cf Deut 30,6; Rom 2,29), puede ser de piedra (Ez 11,19), estar dividido (Sal 118,113; Jer 32, 29), ciego (Lam 3,65). Todas estas expresiones indican que el corazón del creyente puede estar lejos de Dios, no tocado por la fe. Pero también, a veces, el corazón del creyente puede estar embotado por las disipaciones, la bebida y los agobios de la vida (Lc 21,34), puede estar endurecido, enfermo de esclerosis, hasta el punto de no reconocer ni comprender las palabras y la acción del Señor (Mc 6,52; 8,17), puede ser inestable, inconstante, olvidadizo, propenso a tergiversar el sentido de la Palabra (cf 2 Pe 3,16; Lc 8,13). Tú que te dispones a escuchar a Dios, toma tu corazón en la mano, elévalo a Dios, para que lo transforme en un corazón de carne, para que lo unifique, lo sane y lo purifique. Sólo un corazón de niño puede recibir los dones de Dios (cf Mc 10,15).
Sólo un corazón hecho nuevo por el Señor está abierto y disponible para la escucha. El Señor ha prometido dar un corazón nuevo a quien lo invoque (Ez 18,31), inclinarlo hacia su palabra si se presenta a él convencido de su propia esclerosis (Sal 118,36). Cada día nos grita: «¡Ojalá escuchéis mi voz! ¡No endurezcáis el corazón!» (Sal 94,8; Heb 3,7). El corazón duro encuentra dura la palabra de Dios, y esto les puede pasar también a los creyentes: «Esta palabra es dura. ¿Quién puede soportarla?» (Jn 6,60). Pide entonces al Señor para toda tu persona, cuyo símbolo es el corazón, «un corazón amplio, un corazón que escucha» (leb shame'a), como Salomón se lo pidió al Señor (1 Re 3,5).
Cuando haces la lectio divina, recuerda la parábola del sembrador, que presenta al Señor sembrando su palabra. Tú eres, en realidad, uno de esos terrenos: o pedregoso, o camino abierto a todo lo que pasa, o lleno de espinas, o bueno. La palabra debe caer en ti como en una tierra buena, y tú, «después de haberla escuchado con un corazón bueno y unificado, la guardarás produciendo fruto con tu perseverancia» (cf Lc 8,15).
Es en un corazón purificado, unificado, sanado, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu vienen a hacer su morada en ti para celebrar la lectio divina (Jn 14,23; 15,4).
El corazón está hecho para la Palabra y la Palabra para el corazón: ayuda a esas bodas cantadas por el Salmo 118 en que su Palabra llega a ser tuya, en que tu corazón canta porque ha llegado a ser suyo.
Entonces tu corazón será  el de un discípulo dócil a las cosas de Dios, capaz de experimentar la Palabra «sin glosa», verdaderamente a los pies de Cristo y pronto a escucharlo como María de Betania (Lc 10,39), capaz de meditar y de conservar sus palabras en tu corazón como la madre del Señor (Lc 2,19.51). «Levantemos el corazón», canta la liturgia antes de la celebración eucarística. «Levantemos el corazón» es el primer grito de la lectio divina.
Invoca al Espíritu Santo
Coge la Biblia, ponla ante ti con reverencia, porque es el cuerpo de Cristo, haz la epíclesis, es decir, la invocación del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien presidió la generación de la Palabra, es él quien la hizo -palabra hablada o palabra escrita- a través de los profetas, los sabios, Jesús, los evangelistas, es él quien la dio a la Iglesia y la ha hecho llegar intacta hasta ti.
Inspirada por el Espíritu Santo, sólo este mismo Espíritu puede hacerla comprensible (cf Dei Verbum, nº 12). Obra de suerte que el Espíritu Santo pueda descender sobre ti (Veni Creator Spiritus) y que con su fuerza, su dýnamis, retire el velo de tus ojos para que veas al Señor (Sal 118,18; 2 Cor 3,12-16). Es el Espíritu el que da la vida, mientras que la «letra sola» mata. Ese Espíritu que descendió sobre la Virgen María, cubriéndola con su sombra gracias a su poder para engendrar en ella al Verbo, la Palabra hecha carne (Lc 1,34), ese Espíritu que descendió sobre los apóstoles para introducirlos en la verdad entera (Jn 16,13), tiene que hacer lo mismo en ti: tiene que engendrar en ti la Palabra, tiene que hacerte entrar en la verdad. Lectura espiritual significa «lectura en el Espíritu Santo y con el Espíritu Santo» de las cosas inspiradas por el Espíritu Santo.
Aguárdalo, porque «aunque tarde, de seguro que vendrá» (Hab 2,3). Ten por cierta la palabra de Jesús: «Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, con cuánta más razón dará el Padre celestial el Espíritu Santo a quienes se lo pidan» (Lc 11,13).
Oirás en tu interior su palabra eficaz: «Effeta. Ábrete» (Mc 7,34) y no te sentirás ya solo sino acompañado ante el texto bíblico, como el etíope que leía a Isaías pero no comprendía hasta que Felipe le dio alcance. Éste, gracias al Espíritu Santo recibido en Pentecostés, le abrió el texto y le cambió el corazón (cf Act 8,26-38), lo mismo que el Señor había abierto la inteligencia de las Escrituras a los discípulos de Emaús (Lc 24,45).
Sin epíclesis, la lectio divina se queda en un ejercicio humano, un esfuerzo intelectual, todo lo más un aprendizaje de sabiduría, pero no Sabiduría divina. Y esto es «no discernir el Cuerpo de Cristo» y, por tanto, leer la propia condena (cf 1 Cor 11,29).
Ora según tu capacidad, según el Señor te lo conceda, o bien ora así:
«Dios nuestro, Padre de la luz, tú has enviado tu palabra al mundo, sabiduría salida de tu boca, que reinó sobre todos los pueblos de la tierra (Sir 24,6-8).
«Tú has querido que haga su morada en Israel y que a través de Moisés, los profetas y los salmos (cf Lc 24,44), manifieste tu voluntad y hable a tu pueblo del Mesías esperado, Jesús. Finalmente, has querido que tu Hijo mismo, Palabra eterna que vivía en tu seno (Jn1,1-14) se haga carne y plante su tienda entre nosotros, naciendo de María y siendo concebido por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35).
«Envía ahora sobre mí tu Espíritu para que me dé un corazón dócil (1 Re 3,5), que me permita hallarte en estas Santas Escrituras y que engendre en mí a tu Verbo. Que tu Espíritu Santo retire el velo de mis ojos (2 Cor 3,12-16), que me conduzca a la verdad entera (Jn 16,13), que me dé inteligencia y perseverancia. Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor. Sea él bendito por los siglos de los siglos. Amén.»
Procura valerte sobre todo del Salmo 118 para esta oración preliminar. Es el salmo de la escucha de la Palabra. Es el salmo de la lectio divina, el coloquio del Amado con el Amante, del creyente con su Señor.
Lee...
Abre la Biblia y lee el texto. No escojas al azar, porque la Palabra de Dios no se desperdicia. Obedece al leccionario litúrgico y acepta este texto que la Iglesia te ofrece hoy, o bien lee un libro de la Biblia desde el comienzo hasta el final. Obediencia al leccionario u obediencia al libro son esenciales para una obediencia diaria, para una continuidad en la lectio, para no caer en el subjetivismo de la elección de un texto que agrada o del que uno cree tener necesidad. Trata de ser fiel a este principio. Puedes elegir un libro indicado por la tradición de la Iglesia para los diferentes tiempos litúrgicos, o una de las lecturas del leccionario ferial. No multipliques los textos: un pasaje, una perícopa, unos versículos son más que suficientes. Y si haces tu lectio siguiendo los textos del domingo, recuerda que la lectura primera (Antiguo Testamento) y la tercera (Evangelio) son paralelas y que se te invita a orar con esos dos textos. El leccionario de las fiestas es un gran regalo, escogido con mucha sabiduría espiritual. El leccionario semanal es más discontinuo; si te causa dificultades, es mejor hacer una lectura continua de un libro escogido.
No leas el texto una sola vez, sino varias, e incluso en voz alta. Si te sabes un pasaje casi de memoria y te ves tentado a leerlo con rapidez, no tengas reparo en recurrir a medios que te impidan esa lectura rápida y superficial: escribe el texto y vuelve a copiarlo. No leas sólo con los ojos, antes presta mucha atención a procurar imprimir el texto en tu corazón.
Lee también los pasajes paralelos, o busca las referencias puestas al margen, que son de gran ayuda. Amplía el pasaje, complétalo, aborda otros pasajes que están en relación con el del día, porque la Palabra se interpreta por sí misma. «La Escritura se interpreta por sí misma» es el gran criterio rabínico y patrístico de la Lectio.
Que tu lectura sea escucha (audire) y que la escucha pase a ser obediencia (oboedire). No tengas prisas. Se necesita una «lectura relajada», porque la lectura se hace por medio de la escucha. ¡La Palabra ha de ser escuchada! Al comienzo era la Palabra, no el libro como en el Islam. Es Dios el que habla y la Lectio no es más que un medio para llegar a la escucha. «Escucha, Israel» es siempre la llamada de Dios que tiene que provenir del texto hasta ti.
Medita...
¿Qué quiere decir «meditar»? No es fácil de explicar. Significa, por de pronto, «profundizar en el mensaje que has leído y que Dios quiere comunicarte». Esto requiere esfuerzo, fatiga, porque la lectura tiene que llegar a ser reflexión atenta y profunda. Cierto, en los tiempos en que se aprendía de memoria la Escritura el cristiano se veía ayudado en esta reflexión porque podía repetir en su corazón, con extrema facilidad, la palabra escuchada o leída. Y sin embargo, todavía hoy, tienes que consagrarte a esta reflexión, según tu cultura, tus capacidades y según los medios intelectuales que posees...
Los medios exegéticos, patrísticos, espirituales, son sin duda útiles para la meditación y el aumento de la comprensión; con todo, lo importante en la lectio divina es el esfuerzo personal, lo que no quiere decir «privado». Incluso hay que decir que a menudo da más frutos cuando esta escucha se vive en una experiencia comunitaria, de fraternidad o de grupo, que son los verdaderos lugares de la escucha de la Palabra.
Este esfuerzo personal ha de tender a buscar la «punta espiritual» del texto: no la frase más llamativa, sino el mensaje central, el que más se refiere al acontecimiento de la muerte-resurrección del Señor. Recoge, pues, el sentido espiritual, da continuidad y unidad entre exégesis, aportaciones patrísticas y lectura de la Biblia por medio de la Biblia y busca lo que te dice el Señor.
No pienses hallar lo que ya sabes: eso es presunción; no lo que más necesitas: eso es consumismo; ni lo que te gustaría encontrar para tu situación: eso sería el reino de la subjetividad, el reino del «yo me siento». El texto no siempre es comprensible por entero y de buenas a primeras. Ten a veces la humildad de reconocer que has comprendido poco, nada incluso. Lo comprenderás más tarde. También esto es obediencia, y si todavía necesitas leche, no puedes aspirar a un alimento sólido (cf 1 Cor 3,2; Heb 5,12).
Llegado a este punto, si ha habido cierta comprensión, rumia las palabras en tu corazón (la «rumia»  de Casiano) y luego aplícatelas a ti, a tu situación, sin perderte en el psicologismo, en la introspección y sin acabar haciendo el examen de conciencia. Es Dios quien te habla, contémplalo, por ti mismo. No te dejes paralizar por un escrupuloso análisis de tus límites y de tus deficiencias ante las exigencias divinas que la Palabra te hace descubrir.
Ciertamente, la Palabra es también maravilla, escruta tu corazón, te convence de pecado, pero recuerda que Dios es más grande que tu propio corazón (cf 1 Jn 3,20) y que esta herida en tu corazón, que te viene de Dios, la hace siempre con verdad y misericordia.
Maravíllate más bien del que habla a tu corazón, del alimento que te ofrece, más o menos abundante, pero siempre saludable. Asómbrate de que la Palabra quede así  depositada en tu corazón, sin que tengas que acudir en su busca al cielo o más allá de los mares (cf Deut 30,11-14). Déjate atraer por la Palabra, que te transforma en imagen del Hijo de Dios sin que sepas cómo. La Palabra que has recibido es para ti vida, alegría, paz, salvación. Dios te habla, tienes que escucharlo, asombrado, como los Hebreos del Éxodo que la veían obrar maravillas, como María, que cantaba: «El Señor ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo» (Lc 1,49). Dios se te revela. Acoge su nombre inefable, su rostro de Amante. Permanece en el espacio de la fe. Dios te enseña: modela tu vida en conformidad con la de su Hijo. Dios se te da, se entrega en su Palabra: acógelo como un niño que entra en comunión con él. Dios te besa con un santo beso: son las bodas del Amado y el Amante. Celebra, pues, en tu corazón su amor más fuerte que la muerte, más fuerte que el sheol, más fuerte que tus pecados. Dios te engendra como «logos», verbo-palabra, como hijo: acepta ser engendrado para llegar a ser el Hijo mismo de Dios. La meditación, la rumia tienen que conducirte a esto: ser la Morada del Padre, del Hijo y del Espíritu. Tu corazón es un lugar litúrgico: toda tu persona es templo, es realidad humano-divina, teándrica.
Ora...
Habla ahora a Dios, respóndele, responde a sus invitaciones, a sus llamadas, a sus inspiraciones, a sus demandas, a sus mensajes, dirigidos a través de la Palabra comprendida en el Espíritu Santo. ¿No ves que se te ha acogido en el seno de la Trinidad, en el inefable coloquio entre el Padre, el Hijo y el Espíritu? No te detengas ya en reflexionar demasiado, entra en diálogo y habla como un amigo habla a su amigo (Deut 34,10). No intentes ya conformar tus pensamientos con los suyos, antes búscalo a él. La meditación tenía por fin la oración. Éste es el momento. Sin embargo, no seas charlatán, háblale con confianza y sin temor, lejos de toda mirada sobre ti mismo, arrobado por su rostro que ha emergido del texto en Cristo el Señor. Da libre curso a tus capacidades creativas de sensibilidad, de emoción, de evocación, y ponlas al servicio del Señor. No te puedo dar muchas indicaciones porque cada cual sabe reconocer el encuentro con su Dios, pero no puede enseñárselo a los otros ni describirlo en sí. ¿Qué se puede decir del fuego, cuando se está sumergido dentro? ¿Qué se puede decir de la oración-contemplación al término de la lectio divina, sino que es la zarza ardiente en que el fuego abrasa?
Como arte inefable que es de la experiencia de la presencia divina, la lectio divina quiere conducirte allí donde, como el Amado, contemplas, repites las palabras del Amante, con alegría, con estupor, olvidado de todo. No pienses que este camino es siempre fácil, lineal, y que siempre se puede recorrer hasta la meta. Temor y amor apasionado, acción de gracias y sequedad espiritual, entusiasmo y atonía corporal, palabra que habla y palabra muda, tu silencio y el silencio de Dios están presentes y se interfieren en tu lectio divina día tras día. Lo importante es ser fiel a este encuentro: poco a poco la Palabra hace su camino en nuestro corazón, superando los obstáculos, los que siempre se presentan en un camino de fe y de oración. Sólo el que es asiduo a la Palabra sabe que Dios es siempre fiel y que no deja de hacerse el encontradizo y de hablar al corazón, sabe que hay tiempos en los que la Palabra de Dios se hace rara (1 Sam 3,1), y a los que sin embargo siguen tiempos de epifanía de la Palabra, sabe que estos tiempos de dificultades, de desánimo, de aridez espiritual son una gracia que nos recuerda qué lejos está todavía nuestro pleno conocimiento de Dios.
Abba Juan el Exiguo preguntaba un día a Abba Juan el Antiguo: «¿Cuál es la fatiga más grande y la obra más difícil del monje?». El anciano respondió con los ojos arrasados en lágrimas de alegría y de dolor: «Es la lectio divina».
Da gracias a Dios por la Palabra que te ha dado, por los que te la han anunciado y que te la explican, intercede por todos los hermanos que el texto ha podido traerte a la memoria con sus virtudes y con sus caídas, procura unir el pan de la Palabra y el de la Eucaristía.
Conserva lo que has visto, oído, saboreado en la lectio, consérvalo en tu corazón y en tu memoria, y vete a acompañar a los hombres, ponte en medio de ellos, y dales humildemente la paz y la bendición que has recibido. Tendrás también fuerza para actuar con ellos a fin de realizar en la historia la Palabra de Dios, mediante tu acción ministerial.
Dios te necesita como instrumento en el mundo para hacer «unos cielos nuevos y una tierra nueva». Te aguarda otro día, un día en el que, viendo a Dios cara a cara a través de la muerte, te mostrará lo que has sido, una «carta viviente» grabada por Cristo, una «lectio divina» para tus hermanos, el Hijo mismo de Dios.
Tu hermano
Enzo
Nota.- Este texto está tomado de la obra de Enzo BIANCHI, Prier la Parole (Abadía de Bellefontaine, 1978[?]), págs. 77-90. Ha sido traducido del francés por el P. Pablo Largo, cmf

lunes, 4 de octubre de 2010

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Nació en Asís (Italia) en 1182. Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: "el pequeño francesito". Cuando joven a Francisco lo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo. Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida. Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.

Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: "¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?". Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro. La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: "Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe". Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres. Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos. Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: "Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas". Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente. Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: "Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos". El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.

Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: "¿Usted quién es? – Él respondió: - Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey". Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios. Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo. La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa "pequeño terreno". Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen.

En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: "Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente". Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta. Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: "No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro".

El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: "mi Dios y mi todo". Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez. Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba. En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: "No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio". Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula. Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.
A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: "trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma".

Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse moja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las hermanas clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.
Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño. Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.

Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado. Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado "El Capítulo de las esteras", se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.


Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: "El Amor no es amado". Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.
Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes. Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa. Por no cuidarse bien de las clientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.

San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. "Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar", etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era "Paz y bien".

Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (franciscanos, capuchinos, clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios. Fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.

martes, 14 de septiembre de 2010

LOS ESTIGMAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

LOS ESTIGMAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

A mediados de setiembre de 1124, Francisco de Asís se retira para meditar y ayunar en el monte Alverno, cerca de Arezzo, en Toscana. A su vuelta, lleva en su cuerpo heridas parecidas a las de Cristo en la cruz: herida de lanza en el costado, marcas de clavos en los pies y en las manos, lo que llamamos estigmas.

Francisco esconde sus heridas, vuelve a ponerse los zapatos, que se había se sacado desde que había comenzado a predicar. En vano: el fundador de la orden de los Franciscanos, ya ilustre, no puede esconder durante mucho tiempo lo que sucedió.

Jamás se había visto algo semejante. Hasta el siglo XVIII, se llamaban estigmas las incisiones practicadas por la fieles paganos en honor a sus dioses o las marcas en formas de cruz que los primeros cristianos se hacían en los brazos para testimoniar su fe. Todavía se habla de los estigmas de una enfermedad o de un vicio. Sin embargo, las heridas infligidas al cuerpo de San Francisco son, sin lugar a duda, de origen sobrenatural.

La aparición del serafín

A pesar de todas las divergencias en los detalles, todos los relatos de sus compañeros o de los primeros biógrafos concuerdan: Francisco vio llegar, quizás mientras estaba en estado de éxtasis, a un serafín ‑ángel con las alas luminosas y en llamas‑ que parecía crucificado. Según San Buenaventura, el ángel «tenía los pies y las manos extendidos y atados a una cruz, y sus alas estaban dispuestas de tal forma que dos se extendían para volar y las otras dos le cubrían todo el cuerpo». El santo, impresionado, medita una vez más acerca de la crucifixión y ve aparecer sus estigmas. Por lo tanto éstos no le fueron infligidos por el ángel, sino por su amor por Cristo martirizado. Sólo el hermano León, compañero del santo, mucho después de un primer relato muy sobrio y sin detalles, le dice a un franciscano inglés, Pierre de Tewkcsbury, que el serafín <tocó duramente» a Francisco. Esta explicación les conviene más a los fieles, sedientos de todo lo maravilloso, pero poco dados a aceptar que los estigmas pudieron aparecer espontáneamente. La iconografía la mejora aún más: Giotto, Brueguel, Durero y luego los Carracci muestran a Francisco arrodillado frente al ángel crucificado, desde el qué parten haces luminosos, verdaderas flechas de fuego. Son ellas y no una fuerza interior, las que dejan en su cuerpo las marcas de la Pasión de Cristo. Paradójicamente, la intervención física del ángel es una racionalización, según señala Francisco de Sales a comienzos del siglo XVIII.

Los estigmas pueden ser:
Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío, quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. (San Francisco tenía las estigmas pero no era sacerdote). Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente.  Otros estigmatizados: Santa Rita de Cascia, Sta. Teresa Neuwman, Sta. Gema Galgani, Sta. Faustina (estigmas invisibles) y muchos otros (más de 60 de ellos han sido canonizados).

Los estigmas pueden ser don de Dios (como en los santos) o falsificación, en algunos casos de carácter diabólico. Es por eso que la iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas. Algunos criterios: Las llagas están localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.

Esto no ocurre por histeria ni hipnotismo; los estigmas no se infectan; aparecen espontáneamente en el cuerpo mientras la persona está en éxtasis; no ceden ante el tratamiento médico; sangran copiosamente y por largos períodos;  Están acompañados de fuertes dolores tanto físicos como morales (La falta de dolor es una mala señal que pone en duda la autenticidad de los estigmas porque, de ser auténticos, son participación en los sufrimientos de Cristo). Los estigmas auténticos no se pueden explicar por causantes naturales. Además, la persona practica la virtud heroicamente, particularmente un gran amor a la humildad y a la cruz. La Iglesia no canoniza a nadie tan solo por ser estigmatizado.   Algunos parasicólogos niegan toda obra sobrenatural y la pretenden vanamente de explicar los estigmas produciendo imitaciones. La Iglesia, al canonizar santos que han llevado estigmas, reconoce en ellos la autenticidad de una experiencia sobrenatural.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Reliquias de San Francisco Solano en Piura

Iniciando una gira por todo el Perú El día jueves 02 de septiembre llegaron a nuestra ciudad de Piura las reliquias de San Francisco Solano, el santo franciscano de la alegría, que recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo. Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas.

En el aeropuerto de la ciudad fueron recibidos por los religiosos franciscanos, Inmediatamente después fueron trasladados a la iglesia y convento de San Francisco, para su exposición y veneración.

El día de viernes 03, por la mañana en solemne procesión las reliquias fueron llevadas al colegio Hogar San Antonio, donde se le brindó un cálido recibimiento. A las nueve de la mañana se inició la misa concelebrada, presidida por el Ministro Provincial Fray Emilio Carpio Ponce, Fray Anselmo Díaz Rodríguez y los sacerdotes del convento de San Antonio.

Terminada la misa se realizó el homenaje del colegio donde participaron los diversos grupos de de la institución. Cabe destacar la representación a través de bailes de los diversos momentos de la vida del santo y de los distintos lugares del Perú, Argentina, Paraguay y Uruguay, presentados por el taller de danzas del Colegio Hogar San Antonio, lugares donde el santo donde realizó su labor evangelizadora.

Por la tarde en solemne procesión las reliquias fueron trasladadas hasta la parroquia del Santísimo Sacramentos donde fueron recibidos por su Párroco Padre José Guillermo Uhen, inmediatamente después del santo Rosario a las 7 de la noche se llevó a cabo una Misa concelebrada, presidida por el Párroco.

Durante su homilía el Padre Uhen, manifestó la alegría que sentía de tener en la parroquia las reliquias de un santo extraordinario que permitió la evangelización del Perú. Dijo entre otras palabras que si hoy el pueblo peruano profesa la religión católica es por santos como San Francisco Solano que se dedicaron a evangelizar al Perú.

Por el padre Rodolfo Avalos, sacerdote de la iglesia de San Francisco, dio a conocer a grandes rasgos vida y algunos de los muchos milagros que realizó en vida San Francisco Solano. Por su parte el Ministro Provincial, agradeció los homenajes indicando que Piura, por ser la primera ciudad a la que llegó el santo había sido escogida para iniciar la peregrinación por todo el Perú, como parte de los actos celebratorios de sus 400 años de gloriosa partida al cielo. Piura ha sido una ciudad privilegiada por la que han pasado los primeros misioneros que ingresaban por Paita, para luego seguir viaje hasta la entonces Villa de Piura y de allí partir para los diversos lugares del país para realizar su labor misionera y evangelizadora.

Las actividades del día viernes finalizaron pasada las 8.30 de la noche, con la veneración de las reliquias.

El día sábado 04 a la 5. 30 de la tarde en la Iglesia de San Francisco de Asís, se realizó Misa Concelebrada por sacerdotes franciscanos, presidida por el Ministro Provincial Fray Emilio Carpio Ponce OFM.

En su homilía Fray Emilio Carpio, comenzó comentando las lecturas escogidas, pasando luego a hacer una muy detallada semblanza de San Francisco Solano, resaltando el hecho de su paso por Paita y Piura, así como su recorrido por el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indígenas. Su viaje más largo, que fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas. Su extraordinaria facilidad para aprender los dialectos de los indios. A las pocas semanas de estar con ellos ya le entendían todos admirablemente sus sermones, sin olvidar que cuando estaba en Europa durante peste que asoló toda Europa con la pérdida de miles de vidas, Francisco se dedicó a atender a los enfermos más pobres abandonados. Él también se contagio pero prodigiosamente quedó curado. En otro momento de su disertación el Ministro Provincial habló de su estadía en Trujillo donde pronosticó terremotos que luego ocurrieron y de sus últimos año en Lima, así también de que las reliquias de San Francisco Solano se encuentran en la iglesia de San Francisco de Lima donde se guardan todas las cosas que el usó, incluso la Cruz que siempre le acompañó en todos sus misiones y les invito a que las visiten.

Pidió la intersección de San Francisco Solano para que nos libere de todo mal y nos dé un corazón puro. Pidió que nos hagamos siempre la señal de la Cruz, en la frente para que nuestros pensamientos sean los mejores, en el corazón para que nuestros afectos sean los más tiernos y los más generosos, en la boca para que nunca ofrendamos ni dañemos a nadie Pidió a San Francisco nos conceda la salud y la paz

Al Final de la Misa se impartió la bendición con las Reliquias de San Francisco Solano.


Francisco Rosas Castillo

jueves, 2 de septiembre de 2010

San Francisco Solano



San Francisco Solano, nació en 1549, en Montilla, Andalucía, España. Su padre era alcalde de la ciudad, y desde muy pequeño se caracterizó por su habilidad en poner paz entre los que se peleaban.    Estudió con los Jesuitas, pero entró a la comunidad Franciscana, porque le atraían mucho la pobreza y la vida tan sacrificada de los religiosos de San Francisco de Asís. Los primeros años de sacerdocio los dedicó a predicar con gran provecho en el sur de España, para lo cual  se preparaba mucho, haciendo oración.

Cuando llegó a Andalucía la peste del tifo negro Francisco y su compañero Fray Buenaventura se dedicaron a atender a los enfermos más abandonados.
Fray Buenaventura se contagió y murió (hoy en día  es santo) luego se contagió también Francisco y creyó que ya le había llegado la hora de partir para la eternidad, pero luego, de la manera más inesperada, quedó curado.    

Cuando el rey Felipe II, pidió a los franciscanos que enviaran misioneros a Sudamérica, fue enviado a extender la religión por estas tierras. Fue una gran alegría para su corazón.

Recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Pero su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo.-    Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas.
En sus  viajes de misionero, lograba aprender con extraordinaria facilidad los dialectos de aquellos indios.  A las dos semanas de estar con ellos ya le entendían todos admirablemente sus sermones. Sus compañeros misioneros se admiraban grandemente de este prodigio y lo consideraban un verdadero milagro de Dios.

Pero lo más admirable es que las tribus de indios, aun las más belicosas, y opuestas a los blancos, recibían los sermones del santo con una docilidad y un provecho que parecían increíbles.  

Un Jueves Santo estando el santo predicando en La Rioja (Argentina) llegó la voz de que se acercaban millares de indios salvajes a atacar la población. El peligro era sumamente grande, todos se dispusieron a la defensa, pero Fray Francisco salió con su crucifijo en la mano y se colocó frente a los guerreros atacantes, y de tal manera les habló, logrando que lo entendieran muy bien en su propio idioma, por lo que los aborígenes  desistieron del ataque y poco después aceptaron ser evangelizados y bautizados en la religión católica.    

El Padre Solano tenía una hermosa voz y sabía tocar muy bien el violín y la guitarra. Y en los sitios que visitaba divertía muy alegremente a sus oyentes con sus alegres canciones.

Un día llegó a un convento donde los religiosos eran demasiado serios y recordando el espíritu de San Francisco de Asís que era vivir siempre interior y exteriormente alegres, se puso a cantarles y hasta a danzar tan jocosamente que aquellos frailes terminaron todos cantando, riendo y hasta bailando en honor del Señor Dios.    

San Francisco Solano misionó por más de 14 años por el Chaco Paraguayo, por Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe y Córdoba de Argentina, siempre a pie. Un día en el pueblo llamado San Miguel, estaban en un toreo, y el toro feroz se salió del corral y empezó a cornear sin compasión por las calles. Se le acercó a Fray Francisco y le lamía las manos y se dejaba llevar por él otra vez al corral.    Por orden de sus superiores, los últimos años los pasó Fray Francisco en la ciudad de Lima predicando y convirtiendo pecadores.

Entraba a las casas de juegos y hacía suspender aquellos vicios y llevaba a los jugadores a los templos. En los teatros, en plena función inmoral hacía suspender la representación y echaba un fogoso sermón desde el escenario, haciendo llorar y arrepentirse a muchos pecadores. En plena plaza predicaba al pueblo anunciando terribles castigos de Dios si seguían cometiendo tantos pecados y esto conseguía muchas conversiones.    En mayo de 1610 empezó a sentirse muy débil. Los médicos que lo atendían se admiraban de su paciencia y santidad. El 14 de julio, una bandada de pajaritos entró cantando a su habitación y el Padre Francisco exclamó: "Que Dios sea glorificado", y expiró.    Desde lejos las gentes vieron una rara iluminación en esa habitación durante toda la noche.
A su entierro asistieron unas 5.000 personas y tuvo contornos apoteósicos. El virrey Marqués de Montesclaros y el arzobispo Lobo Guerrero fuero los primeros en conducir el féretro a la iglesia, donde la guardia de alabarderos apenas pudieron contener a la multitud.
En Lima se da el hecho sorprendente y no repetido, de presenciarse la muerte de cinco santos en un espacio de 39 años: Santo Toribio de Mogrovejo (1606), San Francisco Solano (1610), Santa Rosa de Lima (1617), San Martín de Porres (1639) y San Juan Macías (1645). Por eso, la capital peruana también fue llamada la Lima de los Santos.
Tan sólo 15 días después de su muerte, se abrió su proceso de canonización. Las gestiones comenzaron en Lima, donde hubo 500 testigos, y después continuaron en otras ciudades del Perú, en el Tucumán y en España.
El Papa Clemente X lo beatificó el 1675 y el Papa Benedicto XIII, lo canonizó el 27 de diciembre de 1726. Su festividad es el 14 de julio.
La Santa Sede[] decretó el año Jubilar entre 14 de julio de 2009 y el 2010, conmemorando el cuarto centenario de su muerte. 

lunes, 23 de agosto de 2010

RESEÑA HISTÓRICA DE LA CUSTODIA DEL SSMO NOMBRE DE JESÚS

El 31 de octubre de 1948, un grupo de 10 misioneros franciscanos de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús, de Sicilia, Italia, fundaron la Misión en Huancabamba, centro desde el cual atendían las parroquias de Huancabamba, Sóndor, Canchaque y Huarmaca. Con el correr del tiempo fundaron, en 1963, el Hogar y el Colegio “San Antonio” de Piura. Más adelante, la Parroquia “Santa María de Jesús, de Lima, y la Casa “P. Gabriel M. Allegra, de Trujillo. En cada uno de esos lugares, además de su misión pastoral, desarrollaron un intenso trabajo por la promoción integral de las comunidades que nos fueron confiadas.
1.- Así, en el campo de la Educación, el 12 de enero de 1961, por medio de la R.D. Nº 167, el Ministerio de Educación autoriza el funcionamiento del Colegio Particular “San Francisco de Asís”, de Huancabamba, siendo su primer Director el R.P. Aquiles Scala. El 27 de abril del mismo año, a través de la R.M. Nº 6982, se autoriza el funcionamiento de una sección nocturna. El 31 de diciembre de 1963, el Colegio fue nacionalizado por R.S. Nº 659; fue encomendado a los padres franciscanos por R.S. Nº 101, del 22 de febrero de 1964. El día 23 del mismo mes, se firmó el Contrato de Locación respectivo entre la Primera Región de Educación, de Chiclayo, y los padres franciscanos. El 1º de abril de 1963 se crea el Orfanato y la Escuela Primaria “San Antonio”, cuyo funcionamiento es oficialmente reconocido por el Ministerio de Educación con R.D. Nº 1267, del 28 de mayo de 1963, siendo su primer Director el R.P. Pedro Musmeci. El C.E. Secundario Común de Mujeres “Emilio Espinoza”, de Canchaque, fue fundado por iniciativa del R.P. Teodoro Corticchia. Fue autorizado por R.M. Nº 2427, del 12 de mayo de 1966. En 1967. Siendo párroco el R.P. Bernardo Castagna, se les encargó la Dirección a las Hermanas de San José de Tarbes que, en febrero del mismo año habían llegado a Canchaque, en número de cuatro: M. Isabel Vega, M. María de Lourdes, M. Gabriela y M. Micaela. En 1978 se fusionó con el Instituto Nacional Agrupecuario Nº 48. En Huarmaca, por iniciativa del R.P. Bernardino Ferrante, se fundó el Colegio Parroquial “Santa Ana”, cuyo funcionamiento fue autorizado por R.M. Nº 1603, del 25 de abril de 1968; fue reconocido como Mixto por R.M. Nº 5375, del 19 de noviembre de 1968, construyéndose para su uso y moderno local, de material noble, de dos plantas, que fue concluido en el mes de julio de 1970. En 1978, por iniciativa del R.P. Esteban Buscemi y M. Isabel Vega, se funda un Anexo del Colegio “Emilio Espinoza” de Canchaque, en El Faique. En la actualidad, este colegio, ya autónomo, lleva por nombre “San Miguel Arcángel”. En abril de 1979, por iniciativa del R.P. Bernardo Castagna, se fundó el Colegio “Santa María de Jesús”, en la Urbanización Ciudadela San Felipe, Comas, Lima. Fue reconocido oficialmente por R.D.Z. Nº 1077, para los Niveles de Educación Inicial y Primaria. El 11 de octubre de 1984, por R.D.Z. Nº 1817, se amplió el servicio al Nivel de Educación Secundaria. Lo dirige, desde su fundación, la Sra. Martha Alzamora Salinas. En 1992, por iniciativa del R.P. Esteban Buscemi, se fundó el Instituto Superior Pedagógico “Florencia Profilio”, cuyo proyecto de fundación fue aprobado por R.M. Nº 0974-92-ED, del 11 de diciembre del mismo año. El D.S. Nº 03-94-ED, del 4 de mayo de 1994, reconoce y autoriza el funcionamiento del Instituto y aprueba el Reglamento General que regirá su marcha. Ejerce la Dirección, desde la fundación, la Srta. María Ramos Ancajima, que ha compartido con Fr. Esteban y la Hna. Querubina La Motta los esfuerzos hasta la culminación del proyecto. Circunstancias coyunturales actuales en el campo de la educación han dado origen al Colegio “San Francisco de Asís” de El Faique, en la infraestructura del ISP, mientras el Sector decide la suerte de los Institutos Superiores. En abril de 1986, por iniciativa de las Srtas. Filomena Lo Manto y Lia Guillermino, del Movimiento “Presencia del Evangelio”, estrechamente ligado a la Custodia, a través de Convenio establecido entre la Diócesis de Chulucanas, el Movimiento Laico para América Latina y el Ministerio de Educación, fundaron el CEO “Juan B. Li Puma”, en Huancabamba, el mismo que ofrecía los servicios de Corte y Confección y Auxiliar de Contabilidad. Contaba con seis anexos en el área rural, dos centros de alfabetización y el CEO “P. Esteban Buscemi”, en El Faique.

Circunstancias diversas originaron que algunos de nuestros colegios pasaran a ser administrados por otras Instituciones. Así, en enero de 1977, el Colegio “San Francisco de asís” de Huancabamba, fue entregado al Estado. En la Década de los noventa, el Colegio “Santa Ana” de Huarmaca, pasó a ser administrado por la Diócesis de Chulucanas. Desde 1967, el Colegio “Emilio Espinoza” fue atendido por las Hermanas de San José de Tarbes. Desde enero de 2001, ha pasado a ser administrado por la Diócesis de Chulucanas, quien, en enero de 2006 encomendó la Dirección del mismo, al Párroco, R.P. Rodolfo Ibáñez Neira .

2.- En el campo de la Salud, ya desde muy temprano, el 14 de mayo de 1950, P. Bernardo Castagna, lanzó la idea de construir el hospital provincial “San Francisco” para Huancabamba. Para el 17 de julio ya se había comprado un terreno y el 22 del mismo mes se empezaron los trabajos. En 1952 se inauguró uno de los pabellones; se había equipado con catres; se contaba con el apoyo del médico de la localidad y voluntarias que querían servir como enfermeras. Sólo faltaba instalar el agua. El proyecto, sin embargo, se frustró por la acción de gente interesada que impidió que se lo pudiera dotar de este vital elemento. En 1977 el local fue entregado al Ministerio de Educación para ser usado como escuela.

Entre 1972 y 1975, P. Timoteo Orlando que, como Ministro Provincial (1966 – 1972), había demostrado particular interés y cariño por la Custodia, fue designado Custodio. Además del brillante trabajo que realiza a favor de la Entidad y el que despliega en el campo pastoral, dedicó un delicado y sostenido esfuerzo en el cuidado de los enfermos. Sus conocimientos en este campo, su compasión para con los que sufren, se vuelcan en la atención médica que brinda en la parroquia de Huancabamba a los miles de campesinos que acudían en busca de ayuda. La gente del campo y del pueblo lo amó, lo veneró y lo consideró el “Padrecito doctor” durante todo el tiempo que estuvo entre nosotros. En 1975 fue elegido nuevamente Ministro Provincial en Sicilia y tuvo que abandonar estas tierras que tanto amaba.

La preocupación de los misioneros por la salud de la gente se manifiesta de múltiples maneras. Así, en Huancabamba, P. Esteban Buscemi, en su dilatado servicio como Párroco, entre las muchas obras que realiza, concibió la idea de construir un Policlínico en la ciudad y diez centros de salud en el área rural, que se equiparon con una ambulancia. Durante el período 1991 a 1993, en colaboración con la Municipalidad provincial se van a construir capillas y postas de salud.

A fines de 1988, por iniciativa del R.P. Bernardo Castagna, secundado por P. Manuel Rosas, se fundó en la parroquia “Santa María de Jesús”, de Lima, el Consultorio Médico Dental gratuito, como complemento para el trabajo social que se realizaba a través de 21 comedores parroquiales, organizados para paliar los efectos de un paquete de medidas económicas ejecutado por el Gobierno. Médicos, odontólogos, personas amigas se comprometieron de inmediato en el esfuerzo, atendiéndose de modo preferencial a los más pobres y necesitados. En 1991, en otra administración, se convirtió en el actual Policlínico Parroquial “Santa María de Jesús”.

En cada una de las comunidades que nos fueron confiadas se puso de manifiesto el cuidado de la salud de las personas, especialmente los más pobres y necesitados. El paternal cuidado y la soberbia organización de la Diócesis de Chulucanas permitieron que, además de la atención que se podía brindar en cada una de las parroquias, se pudiera atender los casos más serios en coordinación con el Área de Salud de Chulucanas, a través del Fondo Santa Rosa y similares, derivándolos a centros especializados.

3.- En el campo de la Promoción Humana: El trabajo pastoral no puede realizarse sin un fuerte trabajo de promoción humana. La Diócesis de Chulucanas, al aplicar desde hace más de 30 años el Plan Nueva Imagen de Parroquia (NIP) –actualmente, “Renovada Evangelización Diocesana” (RED)- impulsó el trabajo pastoral de modo que no sólo se atienda sino que se organice en cada uno de los caseríos de cada una de las parroquias un Equipo de Coordinación Zonal –ECZ-, verdaderos motores no sólo del desarrollo espiritual y la atención pastoral, sino de la promoción humana integral de las comunidades. Los miembros de los Equipos reciben una cuidadosa y permanente formación e información y participan en la toma de decisiones, a través de las estructuras parroquiales y diocesanas.

Una muestra, particular, sin duda, de ese trabajo fue el que realizó la Parroquia “San Miguel” de Sóndor y Sondorillo. El denominado “Proyecto Sóndor” se desarrolló de 1991 a 1995, con el financiamiento de la Conferencia Episcopal Italiana –CEI- . Abarcaba los distritos de Sóndor y Sondorillo. Comprendía 5 actividades básicas: a) construcción de la Casa del Campesino, en Sóndor; b) Funcionamiento de la Estación parroquial de radio “San Francisco Solano”; c) producción de materiales audiovisuales para la capacitación de los campesinos; d) formación y capacitación de 60 promotores de salud (uno para cada caserío) y dotación de un botiquín de medicamentos básicos, para cada uno de ellos, administrados con un sistema de fondo rotatorio, debidamente supervisado y reabastecido por el Botiquín Central parroquial, y e) programas de alfabetización y post alfabetización en ambos distritos.

La participación de los laicos en el desarrollo del proyecto era condición sine que non, porque no se trataba de algo asistencial, sino de soñar y realizar con ellos una promoción humana y comunitaria que les diera alas para labrar su propio destino.

Coincidió con el actuar del movimiento terrorista Sendero Luminoso en la zona (1989 – 1996), razón por la cual los religiosos que trabajaron en el proyecto se pusieron en la mira de los terroristas y también de las fuerzas del orden. Su inspirador y conductor fue siempre su párroco, Fr. José Rosas Castillo, quien sirvió en esa parroquia desde 1988 hasta el 2004. No reemplazó al trabajo pastoral, sino fue su necesario complemento, ya que atender tan de cerca a los campesinos y sus comunidades, sus carencias y sufrimientos despertaron en el alma del párroco el deseo de responder, también “materialmente” a tantos desafíos.

He aquí una narración de este proyecto tan interesante: “El 16 de agosto de 1993, en un cálido día soleado, se inauguró la “Casa del Campesino”, en Sóndor, distrito de la Provincia de Huancabamba. Es un soberbio edificio de 320 metros cuadrados, de dos plantas, todo de concreto armado, pensado y construido para proporcionar alojamiento y cómodos ambientes de estudio y trabajo para los campesinos de los 60 caseríos que por entonces formaban la parroquia.

Cuenta con dos dormitorios, uno para varones, con capacidad para 40 personas, con su correspondiente batería de baños y duchas, y otro para mujeres, con capacidad para 20 personas, también con su batería de baños. Dos aulas de clase, con capacidad para 30 personas cada una. Un auditorio con capacidad para 60 personas cómodamente instaladas. Ambiente para oficina, comedor, cocina, dos baterías completas de baños para la primera planta. Todo el mobiliario de la casa, desde los catres y colchones hasta los pupitres, carpetas y mesas ha sido diseñado específicamente para esa casa. Detrás de la misma, una extensión de aproximadamente un tercio de hectárea sirve como chacra para cultivos demostrativos.

La parroquia había desarrollado desde varios años antes un programa de promoción humana y de organización comunal y había organizando en cada uno de sus 60 caseríos un Equipo de Coordinación Zonal, verdadero motor de la participación de la comunidad, no sólo en lo que a trabajo pastoral se refiere, sino en todo lo que tenía que ver con el bienestar y el desarrollo de la comunidad. Una de las primeras tareas que se asumieron fue preparar a los miembros de esos equipos, cada uno con un rol bien definido. Para eso era necesario organizar cursos. Cada mes se realizaban cursos para coordinadores, secretarios, mensajeros, promotores comunales, delegados de justicia y paz, catequistas, promotores de salud… El problema era dónde alojarlos, cómo brindarles ambientes cómodos para el estudio y las reuniones. De ahí la necesidad de la Casa del Campesino.

Mi participación en la aventura había empezado, en realidad, en febrero de 1990, un día después de mi llegada a esa parroquia. El P. José Rosas era entonces el párroco y el superior de la fraternidad. Me invitó a dar un paseo por una llanura cercana a la casa parroquial. Me dijo que teníamos que construir una casa para los campesinos, porque no era justo que ellos caminaran muchas horas (algunos hasta 12 horas) para participar en los cursos de capacitación que se daban, o en las reuniones, y tuvieran que dormir como animales en el suelo. Igual, una estación de radio, para que lo que aprendieran en los cursos lo pudieran escuchar nuevamente en sus casas o chacras y se enteraran además los vecinos. Luego, comprar una cámara de video, para producir material audiovisual para los cursos, aprovechando la magia que significaba para los campesinos la pantalla del televisor. También, continuar y ampliar la formación de la red de promotores de salud, de modo que abarque a todos los caseríos, y dotarlos de pequeñas farmacias en las que puedan comprar medicamentos a precios bajos. Eso debido a que la gente tenía la costumbre de morirse por cosas muy simples y no podíamos permitirlo. Ah, también un programa de alfabetización por que, ¿cómo van a hablar de la Palabra de Dios a los demás, si no saben leer ni escribir? Me quedé boquiabierto. La parroquia era pobre. A duras penas daba para comer y para pagar los gastos de un programa pastoral vasto y ambicioso.

La posibilidad se vislumbró a fines de año, cuando uno de nuestros superiores nos comunicó que estaba en condiciones de conseguir financiamiento para un proyecto de promoción humana grande, a condición de que fuera coherente, que pudiera ser aplicado en un lapso de tres años, que fuera autosostenible, etc., etc. Cuando nosotros le dijimos que sí, nos dio nueve días para concretarlo y presentarlo por escrito, con toda la documentación de sustento, presupuestos, etc. Me pareció imposible. En circunstancias normales me habría llevado varios meses hacerlo. Con todo, se preparó, se presentó, fue aprobado en el Perú y, luego de algunos meses, en Italia.

Ese día de agosto, la casa lucía envuelta para regalo, con globos blancos, amarillos, rojos, azules, con banderitas de todos los colores, en un ambiente de fiesta jamás visto, con miles de campesinos mirando embelesados el edificio, con todas las autoridades de la Provincia y de los dos distritos (Sóndor y Sondorillo) que conforman la parroquia. Había venido también nuestro superior y algunos de los familiares. Se hizo la Misa, la bendición de la casa y una fiesta muy larga y bonita.

Desde hacía un par de años (1991) funcionaba, seis horas al día, la estación parroquial de Radio: “San Francisco Solano”, desde la que llegábamos a cada uno de los caseríos con programas de formación humana y comunal, que eran como píldoras en medio de la música que le gusta a la gente. Se estaba produciendo, también desde entonces, material audiovisual para los cursos, con participación de la gente del lugar, y era hermoso ver a los campesinos emocionados porque aparecían en la pantalla del televisor.

Los programas de preparación para los promotores de salud se extenderían hasta 1995, en que cuarenta de ellos, que reunían los requisitos exigidos de preparación y experiencia, recibieron sendos “Botiquines Comunales”, verdaderas minifarmacias con medicamentos básicos, organizados con el sistema de fondos rotatorios, supervisados y abastecidos de lo necesario por el Botiquín Central Parroquial.

También en 1995 culminaron los programas de Alfabetización que beneficiaron a 2,400 campesinos , (la mayor parte mujeres), es decir, casi el 10% de la población de la parroquia.

Finalmente, también en 1995, se repotenciaron los equipos de la radio, dotándoseles de un transmisor de onda corta y uno de FM construido especialmente para Sóndor, con su correspondiente antena de transmisión.

Los programas de formación humana no terminaron, sin embargo, en 1995 sino que fueron ampliándose y diversificándose para responder mejor a la cambiante problemática de estos dos distritos serranos y a las condiciones del momento. En el curso de los años siguientes se inició el Proyecto de Reforestación en Cascapampa (Sondorillo), con una meta de 100,000 plantones de pino radiata y especies nativas, y en Huaricancha (Sóndor), en un esfuerzo por cambiar el microclima que hacía que la mitad de la parroquia (Sóndor) tuviera agua, fuera verde y lujuriante, y la otra mitad (Sondorillo), careciera de ella. El proyecto implicaba a dos comunidades campesinas (miles de campesinos), las dos municipalidades, Pronamachcs, la asesoría de las universidades de Piura. Involucró también a las escuelas, a los maestros, los niños, los padres de familia, a través del programa “Mi hermano árbol” .

El grado de compromiso con las comunidades llevó al párroco a promover las Mesas de Concertación, en el esfuerzo por propiciar la participación de las autoridades, instituciones y el pueblo en general para estudiar la realidad de cada uno de los dos distritos que conforman la parroquia, priorizar los problemas y los recursos asignados a cada Municipalidad y velar para que se inviertan respetando los acuerdos de las Mesas. Fr. José presidió la Mesa de concertación de Sóndor hasta su cambio a otra parroquia en el año 2004, en tanto que la de Sondorillo se encomendó a uno de sus vicarios.

El alma de todo ese esfuerzo fue siempre el P. José Rosas, su párroco. Fue muy emocionante trabajar tan de cerca en un sueño tan hermoso, intenso y vasto, nacido del esfuerzo sincero por cuidar y atender pastoralmente a las comunidades que le fueron confiadas”.

4.- El compromiso social de los Franciscanos: Se puso de manifiesto desde el inicio. Así, en febrero de 1959, por iniciativa del R.P. Francisco Pulvirenti, se fundó la Cooperativa de Ahorro y Crédito “San José”, en Cartavio; en 1972 se constituyó la Cooperativa “San Pedro”, de Huancabamba, contando con la asesoría del R.P. Ignacio Ferraro y el Ing. Saúl Risco, de la Cooperativa “San José”, de Cartavio. Consiguió su reconocimiento oficial el 9 de octubre de 1963, por R.S. Nº 439. Actualmente, autónoma, aún sigue funcionando. En 1963 se fundó la Cooperativa “San Juan Bautista Ltda.”, en Canchaque, reconocida oficialmente por R.S. Nº 103, del 6 de marzo de 1963, también con el apoyo y asesoría del R.P. Ignacio Ferraro y el Ing. Saúl Risco. Se independizó en 1972.

En este campo, habría que destacar, sin duda, la fundación del Orfanato “San Antonio”, en 1963, que atendió a centenares de niños hasta 1977 en que, habiendo surgido instituciones similares, como Parkinsonia, se cerró. Su fundador fue P. Pedro Musmeci Grasso quien, al mismo tiempo, involucró a las Hermanas Franciscanas en la fundación del “Hogar Santa Rosa”, para niñas, institución que por fortuna aún sigue prestando amoroso cuidado y servicios a tantas criaturas necesitadas.

5.- El trabajo vocacional: Empezó casi de inmediato, si bien sus primeros frutos empiezan a concretarse en 1956 con el ingreso del hoy sacerdote Fr. Daniel Farfán. En 1963 se fundó el seminario menor en Huancabamba. Desde sus inicios contó con la generosa y fraternal ayuda de la Provincia de los XII Apóstoles del Perú, que formó a las primeras generaciones de religiosos y sacerdotes peruanos. A partir de 1977, con la construcción y puesta en servicio de la Casa de Formación “Santa María de Jesús, en Comas, Lima, se consiguió la autonomía en este campo. Decenas de sacerdotes se formaron en estos sesenta años, si bien no todos continúan formando parte de la Entidad.

CONCLUSION: El núcleo, el centro, la razón de la Misión, la Custodia, fue la evangelización y el cuidado pastoral de las comunidades que gradualmente nos fueron confiadas. Ese es el más grande de sus logros. Las parroquias de Huancabamba, Canchaque, Sóndor y Huarmaca, en la Provincia de Huancabamba, y, desde 1988, la parroquia “Santa María de Jesús”, en Comas, Lima, bajo los lineamientos de un Plan Pastoral de participación y comunión, han creado una organización capilar, que garantiza que se cumpla el propósito de la Orden de “llenar el mundo con el Evangelio de Cristo”. Lo propio han hecho la Capilla del Convento San Antonio, en Piura, los colegios, Ceos e Institutos. Miles de laicos están comprometidos en una tarea en la cual no podemos darnos respiro.

En ese esfuerzo, los franciscanos estuvieron al frente no sólo en la construcción o reconstrucción de capillas, en la fundación de nuevas parroquias -“San Juan Bautista” de Canchaque y “Santa María de Jesús”, en Lima-, sino en la construcción de escuelas, postas médicas, locales comunales, carreteras, incluso campos de aterrizaje (en Huarmaca y apoyo decidido en el de Huancabamba).

Las nuevas generaciones de franciscanos peruanos que conformamos la Custodia, dependiente de la Provincia de los XII Apóstoles del Perú desde 2003, herederos de tan rica tradición, tenemos ahora la tarea de continuar con tan titánica labor, respondiendo a los cambiantes desafíos de los tiempos y lugares en que mantenemos nuestra presencia.


GALERÍA DE COMISARIOS  PROVINCIALES
1
R. P.  Daniel Cultrera  
Octubre de 1948 abril de 1950
2
R. P.  Bernardo Castagna
Mayo de 1950 a noviembre de 1953
3
R. P.  Juan Bautista Li Puma
Noviembre de 1953
4
R..P.  Leone Murabito,          
Noviembre de 1953
5
R. P.  Querubin  La Roca
Agosto 1957 diciembre de 1962
6
R. P  Pedro Musmesci
Diciembre de 1962 agosto de 1966
7
R. P. Teodoro Corticchia
Agosto de 1966 a enero de 1967



GALERÍA DE PADRES  CUSTODIOS
1
R. P.  Juan Bautista LI puma  
Enero   de  1967   a Agosto de 1972
2
R. P.  Timoteo Orlando
Agosto  de   1972   a Agosto de 1975
3
R. P.  Bernardo Castagna
Agosto   de   1975   a Diciembre de 1975
4
R..P.  Pedro Musmesci,          
Enero     de   1976   a Agosto de 1978
5
R. P.  Silvano Anzalone
Agosto   de    1978  a Setiembre de 1981
6
R. P  Venanzio Ferraro
Agosto  de    1981  a  Febrero de 1988
7
R. P. Esteban Buscemi
Febrero   de   1988  a  Enero de 1991
8
R. P. Venanzio Ferraro
Enero     de    1991 a  Enero de 1994
9
R. P  Venanzio Ferraro
Enero      de    1994  a Febrero de 1997
10
R. P. Luis Bernardo Sánchez A
agosto de 1997 a agosto del 2002
11
R .P  Fernando Trupia
Agosto del 2002  a Diciembre del 2002
12
R. P. Esteban Buscemi
Enero del 2003 a Agosto del 2003
13
R. P. Salomón Pusma Guerrero
Agosto del 2003 a Agosto del 2009
14
R.P. Rodolfo Ibáñez Neira
Marzo del 2010


P. Manuel Rosas Castillo OFM